Hoy queremos compartir con mucha alegría la publicación de Canto del ave al atardecer, el nuevo libro de poesía de María Matilde Gayoso Sánchez. Es un libro que nace del silencio, de la observación atenta y de una forma de estar en el mundo muy conectada con la naturaleza.

Conoce a María Matilde Gayoso Sánchez

María Matilde nació en Madrid en junio de 1960. Es diplomada en Magisterio y licenciada en Filología Hispánica. Ha trabajado en la Biblioteca Nacional y en la escuela infantil Angelitos de Nerey, y a lo largo de su vida ha ido reuniendo experiencias muy distintas que han dejado una huella profunda en su manera de mirar y de escribir.

Durante cuatro años vivió en la Comunidad del Arca de Turballos (Alicante), donde compartió una vida sencilla y comunitaria, realizando tareas cotidianas como hacer el pan o trabajar en los telares. Fue allí donde comenzaron a gestarse muchos de los poemas que forman este libro. Más adelante, en un periodo de retiro en una pequeña casa de Torrelaguna (Madrid), la escritura continuó. En la actualidad, la autora vive entre Madrid capital y Torrelaguna.

Sobre Canto del ave al atardecer

Canto del ave al atardecer reúne poemas escritos en esos dos lugares y en un tiempo marcado por la calma y la escucha. Los atardeceres atraviesan el libro como un hilo común: en Turballos, el paseo hacia la balsa de riego al final del día, acompañada por los perros; en Torrelaguna, la subida al punto más alto del pueblo para contemplar puestas de sol abiertas y luminosas. Es en ese momento de paso entre el día y la noche donde aparecen los versos.

El canto de las aves al caer la tarde se convierte en una imagen central del libro: una voz que expresa la plenitud, el asombro ante la belleza y una manera sensible de acercarse a un mundo tan hermoso como misterioso. Estos poemas hablan de la necesidad de cantar lo que se siente, incluso cuando no todo se entiende del todo.

Para nosotros, este libro es una invitación a detenernos, a mirar despacio y a escuchar. Esperamos que Canto del ave al atardecer encuentre su lugar en vuestras manos y os acompañe, como lo hacen los atardeceres que le dieron origen.